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Construcción y conservación de las vías

Por Carlos O. Funes*
Construcción y conservación de las vías

El gran desafío al que han de enfrentarse las sociedades modernas de nuestro tiempo en el campo de la seguridad vial es “lograr reducir al máximo los índices de siniestralidad”. Es hasta el punto de diseñar proyectos que tienen como objetivo evitar de forma total y absoluta tanto los accidentes de circulación como los muertos y heridos que se producen a consecuencia de los éstos, y en los que mayoritariamente intervienen ciudadanos de a pie; aunque en el creciente y complejo entramado del tráfico urbano confluyen demasiados elementos en el mismo espacio vial sin que encuentren con facilidad la manera de conseguir una convivencia en armonía.

Es factor de la conducción la vía por la que se circula y su entorno. Y los estudios demuestran que la infraestructura participa en el 25 por ciento de la accidentalidad. De modo que los planes en infraestructuras y las reservas presupuestarias destinadas a las obras viales son un buen exponente de la importancia que a ellas confieren las administraciones.

Podríamos decir que de un lado está la construcción de las vías y de otro, y no menos importante, la conservación y el mantenimiento de éstas. Su gran objetivo: aunar seguridad, fluidez y comodidad a la hora de circular por ellas. Inclusive facilitando la segregación de la circulación de determinados vehículos, como el caso de los carriles para ciclistas y peatones.

Conducir es guiar un vehículo interpretando la información que se obtiene del entorno y actuando en consecuencia. Una conducción segura exige una información correcta a quien ha de interpretarla. El impacto que la buena o mala señalización tiene sobre los usuarios es hoy incuestionable.

Conducción responsable. La modernización tecnológica, la carretera inteligente y los sistemas inteligentes de tráfico y transporte están destinados a poner a disposición de los ciudadanos, y en especial de los peatones, la información necesaria. Pero de nada servirá ello si el conductor, como responsable de la circulación, no adecua su conducción a las circunstancias del entorno. Se sabe que la premisa “ningún accidente, ninguna consecuencia” es un objetivo inalcanzable. Lo que sí es posible es reducir la siniestralidad vial a los auténticos accidentes, los inevitables, que son aquellos que tienen su origen en los casos fortuitos o de fuerza mayor.


*Miembro del Grupo Temático de Transporte - Red Ciudadana Nuestra Córdoba Publicado el 01 de Octubre de 2010 en La Voz del Interior

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